RESUMEN

La generación de la riqueza, al igual que la manera de representarla, producirla y estudiarla ha cambiado con el tiempo y el espacio. Históricamente se modifica de acuerdo a un patrón topológico que va desde la persona, la región y por último el país, permitiendo caracterizar de este modo, el tipo de economía: personal, regional e internacional. En este artículo se analiza la formación de la economía internacional desde el punto de vista de la generación de la riqueza y su cambio conceptual, desde considerar al oro como un elemento fundamental, hasta la actualidad, en el que se define internacionalmente a la riqueza como el “conocimiento científico de la naturaleza”.

PALABRAS CLAVE: Mercantilismo, liberalismo, monetarismo.

INTRODUCCIÓN
Aristóteles(2005) afirmó que la riqueza se adquiere de dos modos, el primero o natural, consiste en la apropiación de los medios de subsistencia que la naturaleza brinda al hombre con el propósito legítimo de que atienda sus necesidades vitales, como la caza, la pesca, etcétera, la propiedad así obtenida es la única riqueza genuina o natural.
El segundo método lo llamó antinatural o crematístico, caracterizado por el cambio de productos y el uso del dinero, concediendo cierta legitimidad a la riqueza obtenida en el esfuerzo de obtenerlas.
En siglo XVI D.C., se establece, según Ferguson (1986), que la riqueza de una persona se mide por la cantidad de oro y plata que se tenga, lo mismo se puede decir de una nación, esta idea es llamada ilusión crisohedónica, de manera que la adquisición de metales constituye en esta época la finalidad de la actividad económica.

En el siglo XVII, ya no es la abundancia de metales preciosos la base de la riqueza, sino la cantidad de bienes de consumo existentes, de acuerdo con esta idea la persona o nación que más produzca será la más rica, estableciendo a la industria como la actividad más productiva. Es en esta época cuando aparecen fundadores de la ciencia económica, que definen al mercantilismo y al liberalismo.

En el siglo XVIII aparece el concepto de economía política en los escritos de Smith y Ricardo, estableciéndose el laissez-faire, y es a finales del siglo XIX, cuando el liberalismo alcanza su máximo desarrollo, siendo el representante fundamental Stuart Mill, cuya concepción es eclética, pues precisa las leyes del liberalismo económico, introduciendo ciertas limitaciones de tipo socialista.

En la primera mitad del siglo XX aparece el concepto de neoliberalismo dirigido, cuyo representante principal es J.M. Keynes, y en la segunda están las ideas de planeación económica y desarrollo económico, definiendo plenamente el sistema de intercambio mundial, que llega a su máximo desarrollo con la aparición del concepto de la globalización de la economía a finales del siglo XX y principios del XXI, que trae por consiguiente el cambio conceptual de la idea de riqueza (Gómez, 1982).

DESARROLLO
Para los antiguos griegos, el concepto de economía significaba la administración de un hogar o de una ciudad-Estado, considerando que “la cantidad de propiedades domésticas suficientes para una buena vida no es infinita”; Aristóteles planteaba la existencia de un límite fijo para las necesidades de una casa, una ciudad o un Estado, y el nombre para este concepto se denominó riqueza. Esta concepción de la economía dominó durante gran cantidad de tiempo en Europa Occidental y en consecuencia originó diversos dogmas.

El precio justo de algo no se fijaba según lo que podía soportar el comercio, sino de acuerdo con lo que el vendedor debía pedir. La usura no estaba bien considerada, pues se suponía que el dinero era, por su misma naturaleza, estéril (Obregón, 1989). Existía una antipatía moral a la acumulación de la riqueza. Estos pensamientos estaban presentes en Europa en la época del descubrimiento de América.

El oro y la plata, estando por encima de todo, parecían ser el mejor patrón universal para medir la riqueza y se convirtieron en señuelos para los navegantes. Los marineros portugueses fueron tentados a dar la vuelta a África por el rumor de que en algún lugar de este continente existía un río de oro que desembocaba al mar, como mínimo, esperaban encontrar una ruta marítima hacia las minas de oro. Durante los preparativos del primer viaje de Colón, éste tenía muy pendiente el oro, la plata, las perlas y las piedras preciosas que podían ser halladas en las costas asiáticas, hacia donde se dirigía, según lo había leído en el libro Imago Mundi ( Rhoads, 1992).

La existencia de “El Dorado”, un lugar mítico de riqueza infinita, hechizaba la imaginación de los conquistadores españoles, de manera que originó que se desarrollaran viajes de exploración a diversos territorios del Nuevo Mundo. Cuantos más metales preciosos se tenían, más poder se tenía y en consecuencia se estimularon los viajes y exploraciones, hasta el punto que en España se prohibió su salida y comprando al exterior la misma cantidad que salía, de manera que se trataba de conservar un equilibrio monetario.

Muy pronto se hizo evidente que las reservas del Nuevo Mundo eran limitadas. Según Gómez (1982), los metales preciosos inundaron Europa y fomentaron la aparición de una inflación a gran escala, llamada “la revolución de los precios” y hacia el año de 1600, los precios en Europa eran en España cuatro veces más altos que cien años antes, por lo que la inflación que se extendió por toda Europa, destruyó la economía española y precipitó la decadencia del imperio español.

El concepto de Estado nacional nació en este periodo. Las potencias en Europa competían en todo al planeta por hacerse de una porción grande del tesoro mundial. Inglaterra se consolidó como una potencia al derrotar a la Armada española en 1588, lo que le permitió apoderarse de los tesoros españoles en donde sea que los hallara, utilizando la piratería.

Las naciones, de acuerdo con Gómez, (1982), que habrían de dominar el continente y la historia europea organizaron su política en torno a las sencillas ideas que habían limitado el pensamiento económico desde el principio de la historia: toda la riqueza era limitada; las ganancias de una nación eran las pérdidas de la otra; la riqueza de uno sólo se incrementa a expensas de la de otro; si una nación lleva una porción mayor, a las demás les quedan porciones más pequeñas, estas ideas se dieron en la Europa occidental desde el siglo XV hasta el siglo XVII.

Con ejércitos fuertes y armadas más poderosas, una nación podía hacerse con una parte cada vez mayor del tesoro mundial. El concepto de economía nacional se desarrolló en la Gran Bretaña y Francia en el siglo XVIII. Con la disolución de los enclaves locales, por la abolición de los peajes, y aranceles locales y regionales, el poder de los gobiernos nacionales frente a sus rivales en la escena mundial se incrementó.

La clásica doctrina conocida como el mercantilismo fue creada por un próspero hombre de negocios británico llamado Sir Thomas Mun (Schneider, 1981), que fue Director de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales. Los británicos atribuyeron la depresión del año de 1620 a la exportación anual de lingotes de oro y plata por un monto de trescientas mil libras, realizada por esta compañía para financiar sus actividades, dando origen al concepto de la balanza comercial y la economía nacional en relación con la riqueza de Gran Bretaña. La idea consistía en que la cuestión fundamental no era que una compañía exportara o dejara de exportar lingotes de oro, sino que el valor de las exportaciones de una nación en su totalidad rebasara el valor de las importaciones. Una balanza comercial favorable indicaba que estaba entrando oro en el país y que por consiguiente una nación se estaba enriqueciendo.

Cuando las naciones de Europa se extendieron por el mundo buscando avanzadas y colonias en lugares remotos, mantuvieron su estrecha visión de búsqueda del oro.
En 1760 después de la conquista de Quebec y todo Canadá, Londres discutió las condiciones que debían ser impuestas a los franceses en vista de que las vastas extensiones de terreno sin colonizar, y aún sin explorar, parecían improductivas, en comparación con las islas caribeñas, que producían productos tropicales como el azúcar, que podían ser exportados a todo el mundo para mejorar la balanza comercial de la Gran Bretaña (Schneider, 1981).

El año de la declaración de la independencia de los Estados Unidos, 1776, coincide con la publicación del libro llamado “La riqueza de las naciones” de Adam Smith, del mismo modo que Jefferson anunciaba un nuevo comienzo de la política occidental; Smith proclamaba una nueva visión de la economía nacional, el blanco evidente y visible de Smith, era lo que él llamó el sistema mercantil, en el que desplazó el centro de la atención de la nación hacia el mundo y la riqueza de las naciones. Según Sowell, (2008) al parecer, tenía en mente organizar un gran imperio, simplemente para beneficio de los comerciantes británicos y de la balanza de pagos, bajo un proyecto de unión federal, de manera que no perseguía el bienestar económico como la posesión de grandes riquezas sino como un proceso, eliminando la engañosa proposición de que la riqueza de las naciones estaba constituida por la cantidad de oro y plata que tenía, considerando la ampliación del concepto de riqueza.

Brillantes intérpretes y discípulos como David Ricardo y John Stuart Mill, consolidaron las ideas y las presentaron como verdades establecidas, Ricardo propuso el mecanismo del movimiento de mercancías y su relación con el papel moneda; Mill consideraba que debería de ser la práctica generalizada, señalando que cada desviación de este principio, a menos que lo exija un gran bien, es un mal seguro. Ambos definen el periodo clásico de la ciencia económica según Ferguson (1986).

Existe un periodo de ideas económicas llamado neoclásico, en donde se retoman las ideas de Smith, el principal representante es Alfred Marshall.
A mediados del siglo XIX, se empezó a gestar una visión acerca de la economía diferente, relacionada con diferentes puntos de vista, que opinaban que debía imponerse limitaciones al llamado laissez-faire, por considerar que científicamente no se puede demostrar, reclamando la intervención del Estado en la economía para resolver o cuando menos atenuar la miseria en que se debatía el obrero, inclusive Stuart Mill consideraba que el interés privado se encuentra en franca contradicción con el interés general, como en los servicios públicos de concesión particular, donde el concesionario trata de obtener la ventaja máxima (Gómez,1982).

Mientras que Smith y sus seguidores se centraban en la riqueza y sus causas en el mercado, nacía un fenómeno social negativo, llamado desempleo, ampliando las ideas de la economía neoclásica a el estudio del desempleo; el término desempleo no se utilizó corrientemente en la lengua inglesa hasta 1895, y Keynes fue el primero en considerarlo como el problema central de la teoría económica, quien analiza el desempleo en términos de principios económicos, de manera que los salarios bajos no conducen al pleno empleo, sino al desempleo, de manera que los procesos del mercado no son automáticos, ni auto regulados como habían pensado los economistas clásicos.

De manera que para que una comunidad capitalista goce de pleno empleo, el gobierno debe controlar el flujo de inversiones, incrementando las inversiones en obras públicas para garantizar que la demanda global proporcione el empleo.

La complementación del sector público con la iniciativa privada dio origen a una economía mixta, en donde el gobierno es participativo e interviniente, manipulando al mercado mediante subsidios, impuestos y reglamentación, tendiente a mitigar las fluctuaciones del ciclo de negocios privados o recesivos, así como el consenso institucional entre federaciones obreras y patronales.

Esta visión dio como producto treinta años (1945-1975) caracterizados por un alto crecimiento de la economía mundial y del comercio internacional, aunados al crecimiento de la ayuda financiera internacional y la cooperación técnica, con tasas de interés bajas, causando que la riqueza local y nacional creciera al disminuir el proteccionismo a nivel internacional produciendo empresas transnacionales (Mariñez, 2001).

Esta situación condujo a una ineficiencia del gobierno, el gigantismo público, al derroche de la riqueza y a la corrupción, a pesar de que se limitaba el comportamiento de los responsables de la política económica pública o privada, formal o informal.

Como respuesta surge el monetarismo, que niega las relaciones funcionales del modelo keynesiano, en cuanto a la validez de las políticas fiscales, postulando que la naturaleza del desempleo sólo se reducirá a largo plazo, así mismo la creciente interdependencia económica de las naciones a causa de las comunicaciones y las telecomunicaciones originan modificaciones bruscas de la producción, la flexibilización del mercado de trabajo, además del dominio financiero de los negocios universales, definiendo el concepto llamado “la globalización de la economía” por consiguiente de la riqueza que se genera (Obregón,1989).

Como consecuencia de la deformación ideológica y cultural al considerar a las satisfacciones mercantiles como finalidad esencial de la actividad humana se produce el productivismo, de manera que una crítica de esta deformación, según Giddens (Jeannot, 2000), conduce hacia el análisis de la sociedad de la post-escases preocupada por la calidad de la vida y de la conformación del consumidor mundial.

La sociedad post-escases está basada, de acuerdo con Jeannot (2000), en factores intangibles de la producción, como la tecnología aplicada a los negocios y a las finanzas, en general se basa en la industrialización de los conocimientos, más educación junto a más mercado, lo que tal vez podría ser una de las opciones.

CONCLUSIONES
Un análisis histórico de la formación de la economía internacional permite observar que ésta, está relacionada con el movimiento de productos, servicios y capitales, siendo la principal preocupación de las teorías administrar la riqueza generada por las operaciones comerciales a nivel internacional, así como las estrategias de obtener una mayor ganancia y utilidad en el proceso de intercambio.

Un elemento fundamental que está inmerso en este desarrollo se encuentra en la tecnología de producción relacionada con las tecnologías de la información que permite el cambio constante de paradigmas de conceptualización del proceso económico internacional.

Se puede observar que la gran controversia de la economía internacional parece girar en torno a dos grandes cosmologías. Dentro de la tradición de Keynes se han desarrollado los keynecianos, los poskeynecianos y los teóricos del macro desequilibrio; y dentro de la tradición de los clásicos se encuentran los monetaristas y los de las expectativas racionales.

Desde la perspectiva de política económica, la intervención gubernamental sigue siendo justificada tanto en su esfuerzo continuo por mantener estable los movimientos de la actividad económica, como los casos en que existan desviaciones serias de los niveles de empleo y de producto esperado.

Los monetaristas han tenido éxito en demostrar los problemas vinculados con la intervención gubernamental, en particular en cuanto a su impacto en el nivel de inflación. Esta es una de las razones que explican el surgimiento y desarrollo de la escuela de las expectativas racionales.

Para los clásicos, la intervención gubernamental es innecesaria, pues la homeostasis está provista de la fuerza necesaria para generar y garantizar el retorno al equilibrio, incluso para ellos la intervención gubernamental es indeseable porque introduce distorsiones en los precios relativos en los mercados de tamaño pequeño.
Así, la controversia no ha terminado; la reflexión sobre los problemas macroeconómicos persiste y persistirá; las soluciones tendrán que venir de nuevas ideas. Los clásicos han pasado a la historia, pero sus ideas continúan fertilizando el pensamiento.

BIBLIOGRAFÍA
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El desarrollo histórico de la economía internacional en el contexto de la formación de la riqueza Año 2. Número 5

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